Ruta de la resistencia indígena en el Estado Falcón-Venezuela

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Por: José Millet

“Se regocijaron, pues, de haber llegado al país excelente, lleno de cosas sabrosas: muchas mazorcas amarillas, mazorcas blancas; mucho cacao, cacao /fino/”.
Popol Vuh

Sí hubo resistencia violenta de nuestros pueblos originarios frente a la conquista europea

La historia contada por los propios conquistadores nos proporciona documentos y elementos de juicio para saber de buena tinta que la invasión y luego conquista de los europeos no transcurrió como lo han contado los libros de texto en las escuelas. La resistencia de los pueblos originarios de Nuestra América, mal denominados “indios”, se expresó desde el principio con violencia de puños, cuerpos, flechas, lanzas y macanas frente a un enemigo que les opuso arcabuces, caballos, perros amaestrados en despedazar gente, armaduras, espadas y dominio del arte de la guerra de larga data. Desde el inicio hasta 1795 y mucho después, la población aborigen se opuso usando sus armas al proceso del intento de sometimiento físico mediante el empleo del poder, desproporcionadamente superior, no sólo de sus armas de fuego, sino por el engaño y las más desalmadas artimañas de que se valieron los “cristianos” venidos de la Europa a reeditar en nuestras tierras Las Cruzadas, esta vez no llevadas a cabo para reconquistar la Tierra Santa y el santo sepulcro del Señor, sino para imponer en ellas el sistema capitalista que surgió para entonces “bullendo sangre y lodo por los poros”, como lo manifiesta una célebre obra de economía política. En el espacio consagrado a nuestros héroes y mártires revolucionarios, figuran los nombres de bravos caciques y de guerreros invencibles, que estrenaron el arte de la guerra conocida como “guerra de guerrillas”, entre los que destaca Bacoa…y también de mujeres de tanta estatura o más valor, como el de Judibana.

En el reverso de esa moneda falsa que nos han vendido muchos historiadores, intelectuales y aun escritores, todos del lado de los conquistadores, debemos colocar la otra cara: la de las luchas incansables de nuestros pueblos contra el intento de dominio de los representantes de los Imperios español, británico, francés, portugués, holandés…que se disputaron el control de las riquezas, recursos y población de nuestro continente. El primer y principal legado patrimonial aportado por los aborígenes fue su sangre, regada en la defensa de los espacios sagrados encima de los cual fue derramada y la idea de que los pueblos pueden ser destruidos por el poder de sus opresores, mas nunca vencidos. Muy a menudo, maliciosamente, suele pasarse por alto que, en la historia de la lucha por la redención de la Humanidad, hubo prisioneros o avasallados que nunca se doblegaron ni pudieron ser reducidos a la esclavitud por sus opresores, aun sometiéndolos a los métodos más horrendos, detrás de las rejas de inmundas cárceles donde murieron o aherrojados a la gleba, en condiciones de explotación y condiciones materiales inhumanas. A la idea de la libertad no la aplasta ni los ejércitos mejor equipados, las armas más sofisticadas ni las argucias y métodos del opresor más astutas u horrendos: la idea de la libertad y la independencia constituye el legado patrimonial más preciado que nos legaron, con sus luchas de diverso tipo e innúmeras estrategias de resistencia, los pueblos originarios de Nuestra América.

La libertad e independencia la materializaron estos “guerrilleros rojos”—aludimos al color cobrizo de la piel del “indio”—al desarrollar el cimarronaje en sus diversas modalidades, marítima, fluvial o sencillamente instalándose en las áreas más inaccesibles del monte, donde construyeron los palenques, luego quilombos, a los que se incorporarían luego los negros africanos que huyeron de las plantaciones de caña de azúcar, café, algodón, etc. con quienes convivieron, lucharon y en sociedades de hombres libres. Allí se recuperó la poderosa identidad que descansaba en un modo de vida firmemente afincado, como raíz, en lo más profundo de la Madre Tierra. Las Turas, es el ejemplo más elocuente de ese estadio de la evolución del hombre en que convivía en armonía con plantas y animales, en un modelo de respeto absoluto de la Naturaleza, que le prodigaba sus frutos en correspondencia al trabajo de las manos aplicadas al medio de trabajo en colectivos solidarios, sin que mediara el bendito dinero ni las relaciones comerciales que acaban por destruir los valores esenciales del ser humano. Esta tradición anclada en el culto a los ancestros, sanguíneos o no, a los espíritus diversos que moran en árboles y animales, es única y, por ello, he escrito que constituye una página viva del libro que intentaron quemar los conquistadores: el de la historia del Hombre. En la región falconiana, y en el Estado Lara, tenemos la alegría y el orgullo de contar con poblaciones descendientes de los pueblos originarios que la han preservado, mantenido en estado de pureza y aun transmitido a las nuevas generaciones y que ofrecen un hábitat y ecología humana parecidos a aquellos existentes en tiempos remotos que el capitalismo se empeñó en destruir. Aquí están los elementos fundamentales que, en condición de símbolo de la resistencia de Amerindia, lo demuestran: la Mama tierra y sistemas productivos autosustentables, como el conuco, las plantas y animales, que resumimos en el maíz, del que nació el Hombre, que ese es el verdadero significado de Las Turas, y las expresiones del medicina no química, tradicional, verde, y del resto de las manifestaciones de la cultura entendida como manantial de diversidad que fluye de ese río inagotable que es el Hombre.

Aquí están firmemente atados en un espacio humano los símbolos de esa parte de la historia excluida de los libros de texto escolares; la otra cara de la moneda: el rostro de los hijos humildes del monte y de la tierra donde siembran, cultivan y cosechan frutos de los que viven alejados de los infames supermarket imperialistas; sus maracas, flautas de carrizo y cráneos de ciervos o matacanes que le sirven de “medios” para ofrendarles a las fuerzas invisibles que le han permitido sobrevivir y vivir dignamente a pesar de los infortunios dejados en el pasado al que no ya no volverán…Las Turas, esa página salvada del fuego de la inquisición entendida como poder del mal capaz de imponer una cultura foránea y hacer desaparecer la nativa, gracias al ingenio, la voluntad y el trabajo sostenido, en fin, gracias a los poderes creadores del pueblo, está resumida en esta comunidad de obreros agrícolas, conuqueros, humildes personas que despliegan en sus casas de barro numerosas artes que ofrecen al visitante; por todo ello, he propuesto, desde el primer encuentro con ellas tenido en Moroturo y ahorita durante esta larga estancia en Coro y Falcón, que Las Turas deben ser incluidas en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

Conuco
El conuco es una voz arahuaco que designa la porción de tierra donde se sembraban especies vegetales para el consumo humano, principalmente de la yuca, usando sistemas de riego y abono y de otras especies, como el maíz, el tabaco, el cacahuete o maní, el algodón, la piña, la batata o boniato y la pimienta. Este sistema de producción agrícola primaria, basado en el trabajo colectivo y solidario humano, constituye la principal forma de la resistencia aportada por los pueblos originarios de Nuestra América, frente a las diferentes formas de producción material basadas en la explotación del trabajo humano del capitalismo, impuesto por los colonizadores europeos y sus modernos émulos de Norteamérica. Pese a que se encuentra en situación de extinción en el continente, se ha mantenido hasta el presente en situación de precariedad, pero adaptándose a las circunstancias mediante diversos tipos de estrategias de resistencia.

Trapiche
Trapiche es una palabra del latín cuyo significado es “piedra de molino” y se emplea para designar la tecnología popular empleada para extraer el jugo de algunas especies vegetales mediante su trituración artesanal. En otros países se refería al procesamiento de especies para producir el aceite, como el de la aceituna, pero en nuestro medio se refiere especialmente a la elaboración artesanal de la caña de azúcar para obtener de ella jugos que, luego de ser procesados, dan paso a las famosas panelas o bizcochos de forma prismática o conos truncados con que se presentada el azúcar.

Yuca
Yuca es una palabra de origen taíno que denomina una planta de la familia Liliáceas, oriunda de la América tropical que ha sido vital en la estrategia de seguridad alimentaria de los pueblos originarios, sus descendientes mestizos y las actuales poblaciones de Nuestra América. Era habitual alimentarse con la harina obtenida por el procesamiento artesanal de su gruesa raíz, usando rudimentarios instrumentos de trabajo, en ocasiones consistentes en simples piedras adaptadas toscamente e ingerida en forma de tortas tostadas (casabe) también en rústicos hornos de piedra. En algunos países como Nicaragua y Cuba, se come en una variedad enorme de platos simplemente con su cocción en agua. La sociedad de consumo ha hecho que este importante alimento quede relegado a extremos en que parece desaparecer, desplazado por la comida de chatarra que se consigue en una red infinita de establecimientos comerciales dislocados en cada país.

Tabaco
Tabaco es palabra taína, derivada del guaraní –aunque hay escritores que le atribuyen un origen árabe clásico tub[b]baq– que denominar una planta de la familia de la Solanáceas, originaria de Nuestra América y a sus hojas, de olor fuerte y narcótico. Sus hojas, curadas y preparadas, tienen diversos usos, que van desde el consumo como un similar alimenticio, el medicinal, el espiritual o el consumo del humo producido por su combustión en forma de tabaco torcido o de cigarrillos, que es como se le conoce a nivel mundial. Justo en el instante del “descubrimiento” de América, los conquistadores españoles dejaron el testimonio de su absorción por la nariz por parte de los habitantes del Nuevo Mundo y su uso pronto se extendió a un abanico notable de actividades, como a su masticación, ingestión directa, bebida, ungüento, gotas oculares y en lavativas. A los guerreros se les soplaba en el rostro poco antes del combate, se esparcía en los campos antes de la siembra, se ofrendaba a los espíritus y dioses e incluso se le derramaba encima del cuerpo de las mujeres antes de inicio el acto sexual. En Venezuela se uso en las prácticas de sanación, de chamanismo o simplemente en actividades mágico-religiosas, ha alcanzado tanta extensión y arraigo que me atrevería a decir que este país ocupa el primer lugar a nivel mundial, según observaciones de campo, estudios y mediciones sociológicas hechas en el país a lo largo de más de tres lustros de estudios etno-culturales.

Maíz
Maíz (Zea mays) es palabra taína que designa tanto a la planta anual de la familia Gramíneas, originaria de América, como al grano que ella produce, de amplio espectro para el consumo como alimento de lo seres humanos, al punto que instituirse como el cereal principal de la dieta del venezolano. Sirve asimismo para alimentar otras especies del reino animal. Puede leerse en textos de la mitología amerindia que el maíz constituyó el núcleo de donde nació el hombre, por lo que es exacto que se le considere una planta sagrada, a la que debe incorporarse el valor agregado de que constituye el aporte de los pueblos de Nuestra América a la dieta alimentaria de la Humanidad. Como puede comprobarse en el complejo mágico-religioso de Las Turas, en comunidades de los actuales Estados de Lara y Falcón se le emplea en forma de chicha como una de las ofrendas principales con se honran los espíritus tanto de las personas fallecidas en una familia turera como a los que moran en la Naturaleza y que propician las buenas cosechas. Además de la diversidad considerable de géneros de esta planta, constituye un elemento básico en la estrategia de la seguridad alimentaria aportada por los pueblos originarios del continente en razón de las tantas bondades y atributos de esta gramínea: el corto tiempo para su reproducción y cosecha, su capacidad productiva y la facultad de poderse guardar largo tiempo sin sufrir mengua en sus cualidades orgánicas.

 Cocuy
Cocui o cocuy es palabra que denomina a una planta de la familia de las Amarilidáceas que crece en los cerros áridos y pedregosos de la región comprendida entre los Estados Lara y Falcón, donde también sirve para nombrar uno de los subproductos obtenidos mediante su elaboración artesanal, siguiendo saberes, conocimientos y tecnologías que evidencian las pautas y aportes sustantivos de los pueblos originarios de Nuestra América: al célebre cocuy, bebida de amplio consumo por nuestro pueblo. En efecto, el rizoma del agave o tallo subterráneo, que algunos llaman piña, es sometido a un complejo proceso de elaboración consistente en su asado, exprimido, fermentado y destilado que prodiga alcoholes de alto grado. Lisandro Alvarado, erróneamente, lo identifica con el licor que en México llaman mezcal, pero el cocuy no es licor ni mucho menos aguardiente. Pero esta especie facilita un abanico de usos que van desde la medicina verde, su empleo en los preparativos de los vientres ingrávidos, el acto del alumbramiento de un bebé y la preparación de una persona recién fallecida… Para mí, por ese simbolismo del agave cocuy que va del nacimiento a la muerte, esta planta es un tótem, es decir, un elemento que identifica colectivamente a un grupo humano y lo distingue de otros grupos.

Cocuiza
Palabra con que se denomina una planta de la familia de las Amarilidáceas de cuyas hojas, parecidas a las del agave, se extrae una fibra textil de igual nombre, que constituye un bien empleado con diversos fines utilitarios. A su zumo se le atribuyen propiedades para aliviar los dolores y estimular la circulación sanguínea. Su producción en forma de manufacturas está muy extendida en el país. Así, con esas fibras se tejen manualmente numerosos objetos, como calzados, chinchorros, muñecos, etc.

La habitación humana: casa de vivienda y construcciones auxiliares
Bahareque
Bahareque o bajareque es una palabra taína que designa una casa de vivienda con paredes de palos; pero, en sentido más amplio, observamos que el elemento que mejor caracteriza esta habitación es el barro, usado en los muros en una armazón de palos y cañas a la que se le embute dicho material previamente preparado. Originalmente, este tipo de habitación se le ubicaba en las áreas rurales y actualmente está distribuida a lo largo de toda la geografía física del actual Estado Falcón, incluidas áreas cercanas a ríos y mares. Por el empleo de los recursos naturales que no es necesario comprar en ninguna ferretería ni supermarket, es ejemplo elocuente de la adaptación del hombre a las condiciones materiales que rodearon su existencia: todos ellos pueden ser obtenidos usando en un mínimo de empleo de trabajo físico y empleados en laq edificación sólo usando el ingenio y la cooperación de la familia o de los vecinos de cualquier asentamiento humano. Sin embargo, debe ser tomada como uno de los aportes más significativos de la aplicación de los saberes más remotos y del desarrollo del poder creador nativo simbolizado en estas tecnologías de alta complejidad y armonía con el medioambiente.

Hamaca
Hamaca es voz que designa una reda alargada y relativamente ancha, tejida a mano con materiales naturales como la cocuiza, con cuerdas atadas en los extremos, las que permiten mantenerla en alto entre dos árboles, palos o estacas y que, principalmente, es usada para dormir o descansar. También sirve como medio de transporte conducida por dos o más hombres que pueden trasladar a una persona quebrantada o con limitaciones motoras o también a un muerto en medio de áreas accidentadas o de difícil acceso. A menudo no se toma en cuenta que sirve simplemente para columpiarse y puede ser tomada como uno de los juguetes más apetecidos por los niños. El modernismo ha dado pie a que se hagan hamacas de lona y de otros tejidos resistentes y, en Cuba, es común construirla con tela gruesa, lonilla o tela de saco de yute. Esta cama volante es un modelo del ingenio del hombre de estas tierras americanas a las condiciones del trópico, donde no se aconseja el lecho estilo europeo o gringo…además que es recurso de defensa ante la posibilidad de acceso de animales feroces. He observado casas de vivienda donde hay puras hamacas para los miembros de una familia nuclear numerosa, por lo que no es difícil deducir que se puede prescindir de las horrendas camas euro-occidentales. Nosotros los africanos preferimos la estera de paja y el contacto directo con la tierra. Pero es un decir.

El hombre económico y su espiritualidad
Turas
Muchos de los vecinos de las comunidades tureras asocian la palabra turas con la mazorca de maíz, con granos en la espiga o aun a las especies de “flautas” de caña de carrizo con que acompañan sus ceremonias mágico-religiosas. Sin menospreciarla, tal afirmación oculta el fondo de pensamiento simbólico que la voz turas abarca: se refiere al nacimiento del hombre de la mazorca de maíz y a un estado primigenio en el planeta que es representado periódicamente en ocasión del paso de las estaciones en que se propiciará las dos actividades económicas de las que dependía su existencia: la siembra o la caza, mediante la invocación de los espíritus que moran en la Naturaleza o se les agradecerá su intervención mediante diversos actos, entre los que destaca la devolución de las ofrendas de frutos y el compartir de la chicha entre todos los miembros de la comunidad, incluidos los fallecidos. Este último acto, reafirmará el valor de la identidad comunitaria al mantener la estabilidad de sus miembros al impedir el debilitamiento a partir de las pérdidas físicas y su integración a nivel del grupo humano en que conviven vivos y muertos. El maíz, su reproducción y el fruto mismo de esta planta, siguen reafirmando la idea de que espíritu y materia siguen manteniéndose unidos y firmemente anclados en la cosmovisión de los pueblos originarios enraizados en la Pachamama.

 

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